Hace poco terminé de
leer el libro de Javier Cercas titulado “El impostor”. En él
invitaba a plantearse una serie de preguntas morales, pero la que más
llamó mi atención fue ésta: ¿Tratar de entender algo significa
justificarlo?
En estos días estamos
viviendo, como casi siempre que ocurre algo inesperado en el mundo
occidental, multitud de noticias, artículos, opiniones...
contradictorias entre sí, muchas de ellas malintencionadamente contradictorias. Lo
primero que sale de todos sitios es una condena a los ataques
terroristas de París -algo lícito, pues la primera muestra de
humanidad es la condolencia y la empatía con aquellos que sufren-,
pero ¿y después?
Después vemos de todo.
Aunque el mensaje más homogéneo visto en las redes sociales siga
siendo la condena a los ataques de París -que no falte la bandera
francesa en el avatar en Facebook, una empresa con valores muy en consonancia con Oriente Medio-, hay voces discordantes que dicen no sé qué
de Siria, de los refugiados, que por favor no haya racismo, que ya
basta de que unos muertos valgan más que otros... ¿alguien entiende
a qué viene todo ésto?
Eso de que unos muertos
valgan más que otros parece ser un galimatías que pocos entienden.
Hay quien dice que los sirios -los iraníes, los afganos, los
palestinos- nos importan menos porque están más lejos
geográficamente de nosotros, españoles, que los franceses -vecinos
fronterizos a los que, por cierto, en otras ocasiones no queremos
tanto-. ¿Esto es verdad? Sí y no. Cualquiera comprende el argumento
de proximidad: es más impactante que estalle una bomba en tu barrio
que el que lo haga en Tailandia ¿cierto? Cierto. Pero es que resulta
que además del argumento de proximidad hay otro en juego mucho más
importante: el del poder. Cuando el 11-S cayeron las Torres Gemelas o
cuando ocurrió el tsunami de Japón en 2011 tuvimos estas noticias
hasta en la sopa durante semanas e incluso meses, estando
geográficamente más lejos de nosotros que Siria -que está ahí al
lado como quien dice, mirad el mapa, ¡son geográficamente
mediterráneos como nosotrxs! ¡Sorpresa!-. ¿Qué pasa? Que, oh,
casualidad, Japón y EEUU son potencias mundiales y Siria es...
bueno, no sé, algo que casi nadie sabe situar bien en un mapa, un país lleno de gente morena con turbantes y que come más bien poco.
¿A quién le debemos,
pues, este goteo de información tan parcial y sesgada maximizando
unas desgracias y minimizando -cuando no simplemente ignorando-
otras? A nuestra querida prensa que trabaja según los dictámenes de
quienes tienen dinero y poder. Algo que parece que no tiene Siria.
¿Qué puede hacer la
occidental o el occidental promedio ante esta bárbara industria de
la desinformación? Buscarse las papas. Pensar, criticar y analizar
el por qué de las cosas.
Plantearse preguntas
como, qué sé yo... ¿por qué se le cuelan terroristas armados
hasta los dientes en espectáculos multitudinarios a una de las
potencias con mayores medidas contra el terrorismo en Europa? ¿De
dónde sacan los terroristas esas armas? ¿Qué se supone que
reivindican? ¿De qué huyen exactamente lxs refugiadxs sirixs? ¿Cuál
es la vinculación real de Siria con los grupos terroristas? Incluso hacernos, por qué no, preguntas que deberían ser más cercanas a nosotrxs, españolxs
occidentales como... ¿en qué gasta el dinero nuestro Ministerio de
Defensa? ¿Sabemos qué estamos financiando cuando nos abrimos una
cuenta en el banco?
Quizá responder a todo
eso antes de escribir nada es abrumador, pero como mínimo deberíamos
hacernos esas preguntas. Y actuar con aquello que definitivamente SÍ
está en nuestra mano. Quizá si no tenemos ni puñetera idea de en
qué se gasta nuestro Ministerio de Defensa el dinero de NUESTROS
impuestos, tal vez deberíamos llenarlo de trabajadorxs y ministrxs
que estén decididxs a actuar con transparencia a la hora de publicar
bien claros los presupuestos en lugar de llenarlo de gentuza a la que
se le va la mano muy rápido a la hora de mandar tropas a guerras en
las que parece que España no quiere participar a juzgar por cómo
sale a la calle diciendo NO. Se me ocurre. Y resulta también que, de
un tiempo a esta parte, ha surgido una cosa llamada Banca Ética en
el que participan muchas entidades para luego no llevarse las manos a
la cabeza cuando descubrimos que el BBVA o el Banco Santander financia armas que luego se utilizan en guerras donde mueren personas
de todo tipo y condición -occidentales blanquitos también, ¡catástrofe!-, aunque nuestro periódico de siempre no
tenga a bien comunicárnoslo.
Tal vez cuando empecemos
a controlar ciertas cuestiones en este mundo donde seguir la
corriente se hace demasiado fácil -porque te dan el discurso
masticado y te lo meten por los ojos sin miramientos- podamos dejar
de llevarnos por el discurso del miedo y comenzar a comprender que es
más peligroso nuestro presidente de gobierno -o el de Francia,
Alemania...- que el inmigrante o refugiado -que ahora están
haciendo mucho hincapié también en que los diferenciemos, porque los ciudadanos de tercera también pueden serlo de cuarta o de quinta- que viene
huyendo de algo que, sorpresa, nuestro país ha provocado directa o
indirectamente. Pero todos los pactos antiyihadistas del mundo,
Hollande nos libre.
Que tal vez, -sólo tal
vez, ¿eh?- este mundo no sea como el de El señor de los anillos o
el de Star Wars -aunque por un momento así nos parezca según RTVE-
en el que está muy claro quienes son los buenos y quienes son los
malos.
Que quizás esas personas
con la piel oscura que un día vemos ahogadas en nuestras playas -cuánta pena nos da entonces y miramos a nuestrxs niñxs occidentales sabiéndolxs segurxs- o, de repente, entre nosotrxs,
estén más cerca de nuestro sueño individual -y colectivo- que un
blanquito o blanquita de turno a quien se le da poder para deshacer
en la vida de millones de personas a su antojo y sin responsabilidad
alguna. Total, nos van a matar a nosotrxs. El juego es fácil: ellos
las balas, los detonadores y las bombas; nosotrxs nuestrxs muertxs,
nuestra sangre y nuestros derechos.
A la pregunta de Javier
Cercas: ¿tratar de entender algo significa justificarlo?
terminé respondiendo de una forma parecida al autor: Comprender es
nuestro deber primario. Superado el shock inicial que lleva consigo toda tragedia, entender lo que
nos rodea es el primer paso para combatirlo, conociendo a qué nos
enfrentamos. Sin comprensión no hay lucha posible, porque siempre
estaremos dando palos de ciego (ciego como te quedas cuando vas ojo por ojo, dicen) a un enemigo que no está ahí.
Claro
que no justificamos los atentados de París quienes llamamos a abrir
la mente y ver más allá de la brutal campaña de propaganda.
Queremos que no vuelvan a ocurrir nunca más. Pero tal vez -sólo tal
vez, ¿eh?- la solución no esté en bombardear unas horas después
de los atentados a diestro y siniestro a un país que ya lo está
pasando bastante mal porque Europa lleva años vendándose los ojos
con su realidad -entre otras causas-. De nuestrxs muertxs se hará
eco la prensa, pero de “lxs suyxs” nos hablarán como “daños
colaterales”. ¿Eso no es racismo? ¿Eso no es que unos muertos
valgan menos porque no son japoneses o norteamericanos?
¿Os
sentís más segurxs ahora que han bombardeado Siria? Porque yo tengo
más miedo. Tengo miedo de que esto sea, como siempre, otra excusa
para enzarzarnos en un intercambio de desgracias donde quienes mandan asesinar están cómodos en sus despachos mientras el resto cruzamos
los dedos -aunque sea metafóricamente- esperando que la bomba no caiga sobre nosotros.
Al
final va a resultar que tenemos más en común con lxs sirixs de lo
que creíamos...
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