17 de noviembre de 2015

La muerte tenía un eco (internacional o nulo)

Hace poco terminé de leer el libro de Javier Cercas titulado “El impostor”. En él invitaba a plantearse una serie de preguntas morales, pero la que más llamó mi atención fue ésta: ¿Tratar de entender algo significa justificarlo?

En estos días estamos viviendo, como casi siempre que ocurre algo inesperado en el mundo occidental, multitud de noticias, artículos, opiniones... contradictorias entre sí, muchas de ellas malintencionadamente contradictorias. Lo primero que sale de todos sitios es una condena a los ataques terroristas de París -algo lícito, pues la primera muestra de humanidad es la condolencia y la empatía con aquellos que sufren-, pero ¿y después?

Después vemos de todo. Aunque el mensaje más homogéneo visto en las redes sociales siga siendo la condena a los ataques de París -que no falte la bandera francesa en el avatar en Facebook, una empresa con valores muy en consonancia con Oriente Medio-, hay voces discordantes que dicen no sé qué de Siria, de los refugiados, que por favor no haya racismo, que ya basta de que unos muertos valgan más que otros... ¿alguien entiende a qué viene todo ésto?

Eso de que unos muertos valgan más que otros parece ser un galimatías que pocos entienden. Hay quien dice que los sirios -los iraníes, los afganos, los palestinos- nos importan menos porque están más lejos geográficamente de nosotros, españoles, que los franceses -vecinos fronterizos a los que, por cierto, en otras ocasiones no queremos tanto-. ¿Esto es verdad? Sí y no. Cualquiera comprende el argumento de proximidad: es más impactante que estalle una bomba en tu barrio que el que lo haga en Tailandia ¿cierto? Cierto. Pero es que resulta que además del argumento de proximidad hay otro en juego mucho más importante: el del poder. Cuando el 11-S cayeron las Torres Gemelas o cuando ocurrió el tsunami de Japón en 2011 tuvimos estas noticias hasta en la sopa durante semanas e incluso meses, estando geográficamente más lejos de nosotros que Siria -que está ahí al lado como quien dice, mirad el mapa, ¡son geográficamente mediterráneos como nosotrxs! ¡Sorpresa!-. ¿Qué pasa? Que, oh, casualidad, Japón y EEUU son potencias mundiales y Siria es... bueno, no sé, algo que casi nadie sabe situar bien en un mapa, un país lleno de gente morena con turbantes y que come más bien poco.

¿A quién le debemos, pues, este goteo de información tan parcial y sesgada maximizando unas desgracias y minimizando -cuando no simplemente ignorando- otras? A nuestra querida prensa que trabaja según los dictámenes de quienes tienen dinero y poder. Algo que parece que no tiene Siria.

¿Qué puede hacer la occidental o el occidental promedio ante esta bárbara industria de la desinformación? Buscarse las papas. Pensar, criticar y analizar el por qué de las cosas.

Plantearse preguntas como, qué sé yo... ¿por qué se le cuelan terroristas armados hasta los dientes en espectáculos multitudinarios a una de las potencias con mayores medidas contra el terrorismo en Europa? ¿De dónde sacan los terroristas esas armas? ¿Qué se supone que reivindican? ¿De qué huyen exactamente lxs refugiadxs sirixs? ¿Cuál es la vinculación real de Siria con los grupos terroristas? Incluso hacernos, por qué no, preguntas que deberían ser más cercanas a nosotrxs, españolxs occidentales como... ¿en qué gasta el dinero nuestro Ministerio de Defensa? ¿Sabemos qué estamos financiando cuando nos abrimos una cuenta en el banco?

Quizá responder a todo eso antes de escribir nada es abrumador, pero como mínimo deberíamos hacernos esas preguntas. Y actuar con aquello que definitivamente SÍ está en nuestra mano. Quizá si no tenemos ni puñetera idea de en qué se gasta nuestro Ministerio de Defensa el dinero de NUESTROS impuestos, tal vez deberíamos llenarlo de trabajadorxs y ministrxs que estén decididxs a actuar con transparencia a la hora de publicar bien claros los presupuestos en lugar de llenarlo de gentuza a la que se le va la mano muy rápido a la hora de mandar tropas a guerras en las que parece que España no quiere participar a juzgar por cómo sale a la calle diciendo NO. Se me ocurre. Y resulta también que, de un tiempo a esta parte, ha surgido una cosa llamada Banca Ética en el que participan muchas entidades para luego no llevarse las manos a la cabeza cuando descubrimos que el BBVA o el Banco Santander financia armas que luego se utilizan en guerras donde mueren personas de todo tipo y condición -occidentales blanquitos también, ¡catástrofe!-, aunque nuestro periódico de siempre no tenga a bien comunicárnoslo.

Tal vez cuando empecemos a controlar ciertas cuestiones en este mundo donde seguir la corriente se hace demasiado fácil -porque te dan el discurso masticado y te lo meten por los ojos sin miramientos- podamos dejar de llevarnos por el discurso del miedo y comenzar a comprender que es más peligroso nuestro presidente de gobierno -o el de Francia, Alemania...- que el inmigrante o refugiado -que ahora están haciendo mucho hincapié también en que los diferenciemos, porque los ciudadanos de tercera también pueden serlo de cuarta o de quinta- que viene huyendo de algo que, sorpresa, nuestro país ha provocado directa o indirectamente. Pero todos los pactos antiyihadistas del mundo, Hollande nos libre.

Que tal vez, -sólo tal vez, ¿eh?- este mundo no sea como el de El señor de los anillos o el de Star Wars -aunque por un momento así nos parezca según RTVE- en el que está muy claro quienes son los buenos y quienes son los malos.

Que quizás esas personas con la piel oscura que un día vemos ahogadas en nuestras playas -cuánta pena nos da entonces y miramos a nuestrxs niñxs occidentales sabiéndolxs segurxs- o, de repente, entre nosotrxs, estén más cerca de nuestro sueño individual -y colectivo- que un blanquito o blanquita de turno a quien se le da poder para deshacer en la vida de millones de personas a su antojo y sin responsabilidad alguna. Total, nos van a matar a nosotrxs. El juego es fácil: ellos las balas, los detonadores y las bombas; nosotrxs nuestrxs muertxs, nuestra sangre y nuestros derechos.

A la pregunta de Javier Cercas: ¿tratar de entender algo significa justificarlo? terminé respondiendo de una forma parecida al autor: Comprender es nuestro deber primario. Superado el shock inicial que lleva consigo toda tragedia, entender lo que nos rodea es el primer paso para combatirlo, conociendo a qué nos enfrentamos. Sin comprensión no hay lucha posible, porque siempre estaremos dando palos de ciego (ciego como te quedas cuando vas ojo por ojo, dicen) a un enemigo que no está ahí.

Claro que no justificamos los atentados de París quienes llamamos a abrir la mente y ver más allá de la brutal campaña de propaganda. Queremos que no vuelvan a ocurrir nunca más. Pero tal vez -sólo tal vez, ¿eh?- la solución no esté en bombardear unas horas después de los atentados a diestro y siniestro a un país que ya lo está pasando bastante mal porque Europa lleva años vendándose los ojos con su realidad -entre otras causas-. De nuestrxs muertxs se hará eco la prensa, pero de “lxs suyxs” nos hablarán como “daños colaterales”. ¿Eso no es racismo? ¿Eso no es que unos muertos valgan menos porque no son japoneses o norteamericanos?

¿Os sentís más segurxs ahora que han bombardeado Siria? Porque yo tengo más miedo. Tengo miedo de que esto sea, como siempre, otra excusa para enzarzarnos en un intercambio de desgracias donde quienes mandan asesinar están cómodos en sus despachos mientras el resto cruzamos los dedos -aunque sea metafóricamente- esperando que la bomba no caiga sobre nosotros.

Al final va a resultar que tenemos más en común con lxs sirixs de lo que creíamos...