10 de febrero de 2015

Cómo cambia el cuento


Cuando hablo con la gente de mi generación, salvo excepciones, me da la impresión de que estamos todos más perdidos que el barco del arroz. La crisis económica se ha hecho notar en nosotros y nos ha dejado una huella de desconcierto, desesperanza y miedo que probablemente nunca se borre aunque mejoren algunas condiciones. Parecía que teníamos la jugada ganadora y paradójicamente nos sentimos atados de pies y manos sin saber bien hacia dónde ir. Que si hacer un máster, que si emigrar, que si hacer otra carrera, que si empezar a trabajar en no sé dónde simplemente para mantenernos unos meses más que nos den el margen necesario para decidir hacia dónde tirar... y eso los más afortunados. No olvidemos a los miles de estudiantes que han tenido que dejar de ir a la facultad por las tasas tan abusivas que llevamos padeciendo varios años y los que no encuentran trabajo ni pagando.

Personalmente considero que los tres últimos años de mi vida han sido un tiro a la conciencia cada uno por múltiples motivos, y siento que hace poco que acabo de salir de una sala de operaciones, de una especie de limbo de inquietud, anestesia e irrealidad que ahora parece quedarse atrás y me deja las manos llenas de preguntas y direcciones. A veces me gustaría cambiarme, un ratito tan sólo, por una de esas personas que parecen tener todo decidido en su vida en lugar de generar tres preguntas por cada mínima certeza. 

Esta tarde paseaba por las calles que me vieron ser un torbellino de energía con diecinueve años y la despreocupación que eso acarreaba: la carrera, seguir el plan y luego ya vería. Decidiría a qué quería dedicarme, que para eso elegí un campo que me permitía ser más o menos flexible en un futuro que llegó no hace mucho, y que no fue ni por asomo como yo esperaba.

Y aquí sigo, respirando, y lo mejor es que a pesar de todo no me puedo quejar. Los próximos cinco años de mi vida son un completo enigma empezando desde ahora mismo. Y me da la risa la mayoría de las veces, porque he terminado de decidir que así es como me voy a tomar las cosas, con buen humor y ya veremos.

Hay cambios en el horizonte y me apetece abrazarlos un ratito aunque sé que me agotarán y a veces me apetecerá volver a esta extraña calma turbulenta que ha sido mi vida de un tiempo a esta parte y que no sin esfuerzo he conseguido hacer tan mía que ahora me duele dejarla.

Sin embargo, en ocasiones no es suficiente con pasar la página: hay que cambiar de libro.









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